de insomnio

A veces la noche no duerme conmigo.
Se queda sentada a mi lado,
como una vieja conocida que vuelve sin avisar.

Las horas pasan lentas,
pero no vacías:
traen recuerdos,
preguntas que no muerden,
y un rumor de mar que llega desde lejos,
como si Sitges respirara en mi ventana.

No hay sueño,
pero hay una especie de claridad tranquila,
una luz mínima,
como una semilla que insiste en quedarse despierta.

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