
En lo más espeso del bosque vivían cinco mariquitas.
No tenían prisa por llegar a ninguna parte: se pasaban el día trepando por un árbol tan frondoso que parecía guardar secretos.
Cada mañana elegían una hoja distinta para empezar, como si el mundo pudiera cambiar solo por mirar desde otro ángulo
A veces, cuando el viento se colaba entre las ramas, las cinco mariquitas se reunían en la misma hoja.
No para decidir nada importante, sino para sentir juntas cómo temblaba el mundo sin romperse.
Desde allí arriba, el bosque parecía menos oscuro, como si cada puntito rojo encendiera un pequeño farol

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