Semilla: La magia que se escondía en el aire

Había un lugar, en algún rincón del sueño, donde la vida no dolía.
No era un paraíso ni una fantasía brillante.
Era algo más sencillo, más humano:
un espacio donde el aire no pesaba y la sonrisa volvía sin pedir permiso.

Allí podía elegir sin miedo.
Las cosas se dejaban tomar, como si supieran que no venían a llenar un vacío,
sino a acompañar una alegría que despertaba despacio,
como una flor que abre un solo pétalo para comprobar si el sol sigue ahí.

En ese mundo suave, la felicidad no era un estallido.
Era una respiración.
Una forma de estar.
Una luz pequeña que se posaba en los hombros y decía:
“Descansa. Aquí no hay prisa.”

Y mientras caminaba por ese aire limpio, entendí algo sin palabras:
la magia no se había ido.
Solo estaba esperando a que cerrara los ojos
para recordarme que todavía sé sonreír,
que todavía sé elegir,
que todavía sé respirar un mundo donde nada duele

Luna

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