Historias que te hacen sentir que es lo que sana

Habla con palabras que sientes

Luna y su….

Luna y el rumor que la sostiene

Luna bajaba a la playa cuando el mundo ya no la miraba. No era un gesto romántico ni una costumbre bonita; era una necesidad. Durante el día, las palabras se le quedaban atrapadas detrás del pecho, como si hubiera una puerta que solo la noche supiera abrir.

Caminaba sin prisa, sintiendo cómo la humedad del aire le rozaba la piel con una familiaridad antigua. A veces pensaba que el mar la reconocía antes que ella misma. Que sabía cuándo venía rota, cuándo venía vacía, cuándo venía buscando algo que no sabía nombrar.

Se sentaba en la arena, siempre en el mismo punto donde las olas llegaban sin tocarla del todo. Ese límite la calmaba. Ese “casi” que no invade, que no exige, que solo acompaña.

Allí, Luna no escribía enseguida. Primero dejaba que el silencio hiciera su trabajo. Un silencio que no era ausencia, sino presencia suave, como una mano tibia en la espalda. Respiraba hondo, y en esa respiración se le aflojaban cosas que durante el día se mantenían tensas por pura supervivencia.

A veces lloraba sin ruido, no por tristeza, sino porque la noche le devolvía partes de sí misma que había dejado olvidadas. Otras veces sonreía sin motivo, como si el mar le contara un secreto que solo ella podía entender.

Cuando por fin abría el cuaderno, las palabras salían despacio, casi tímidas. No buscaban ser bonitas ni perfectas; buscaban ser verdad. Luna escribía sobre lo que le dolía, pero también sobre lo que la sostenía. Sobre la forma en que una ola puede romperse mil veces y aun así volver. Sobre la luz que a veces se esconde, pero no desaparece.

Escribía para no perderse. Para recordarse. Para no endurecerse del todo.

Y cuando cerraba el cuaderno, ya no era la misma que había bajado. No estaba curada, no estaba resuelta, pero estaba un poco más cerca de sí. Como si la playa, en su silencio, le hubiera devuelto un fragmento que ella creía perdido.

Luna volvía a casa con la sensación de haber sido escuchada sin tener que explicar nada. Y eso, para ella, era suficiente

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar