«Hola, Eva. He estado pasando un momento de mucha ansiedad y, para calmarme, me he puesto a escribir y a imaginar mi lugar seguro. Quería compartirlo contigo porque tú estás en él:

Estoy en la playa de mi infancia, sentada en la orilla mientras el agua me moja los pies. No hay prisa, el tiempo se detiene. Te imagino a mi lado, siento el calor del sol en nuestros rostros y nos pierdo en una de esas charlas nuestras, de las ‘cosas grandes’, hasta que se nos hace de noche sin darnos cuenta. A lo lejos, solo se ven las luces de los barcos empezando su rutina, mientras nosotras simplemente estamos ahí.
Gracias por ser parte de mi paz.»
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