Quisiera volver a sonreír y tener ilusiones pero mi corazones ya cansado cansado de ser yo lo que tome la iniciativa


Quisiera volver a sonreír y tener ilusiones pero mi corazones ya cansado cansado de ser yo lo que tome la iniciativa




La marea lenta del recuerdo
El dolor tiene su propio invierno, un letargo que no mide los años ni consulta los calendarios. A veces, cuando la tormenta parece haber quedado atrás y los días transcurren en una calma mansa, el corazón se estremece con un eco antiguo. Es la marea lenta de una ausencia que regresa, no con el ruido del primer derrumbe, sino con la persistencia del agua que busca su cauce.
Dicen que el tiempo todo lo cura, pero el tiempo solo cobija. En los primeros días, el alma se repliega, levanta muros invisibles para protegernos del frío y nos permite seguir caminando, sosteniendo el peso del mundo sobre los hombros. Es solo mucho después, cuando el silencio se ensancha y la vida parece dar tregua, cuando la herida se atreve, por fin, a abrir los ojos.
Sentir el vacío hoy no es desandar lo vivido. Es la sabiduría del cuerpo, que solo nos permite llorar aquello que ya tenemos la fuerza de sostener.
El duelo tardío es como el crujido de la madera en una casa que se asienta, o como ese oleaje que, en la quietud de la tarde, devuelve a la orilla los restos de un naufragio que creíamos lejano. No hay prisa en este otoño rezagado. Sentir la ausencia en la madurez del tiempo es recordar que el hilo que nos une a lo que amamos sigue tenso, invisible y eterno, latiendo despacio bajo la piel.
Lulnasitges
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Para que gente aprenda lo que son y nos entiendan más


Aquí tienes un texto redactado con fuerza, claridad y desde esa perspectiva de indignación tan real que da el conocer la situación de primera mano. Puedes usarlo, compartirlo o guardarlo para poner en palabras lo que se vive en los pasillos de un hospital.
Hay una desconexión total y peligrosa entre los despachos donde se toman las decisiones y las habitaciones donde los pacientes se juegan la vida. Hoy en día, la dirección de muchos hospitales públicos y concertados ya no recae en médicos o enfermeros que entienden el dolor y la fragilidad humana; recae en empresarios con traje y corbata cuyo único mérito es saber recortar gastos y cuadrar balances. ¿Es esto lógico? No. Y tampoco es justo.
Un hospital no es una fábrica de tornillos. En una fábrica, si recortas material o ajustas el tiempo de producción, el peor escenario es que salgan menos piezas. En un hospital, si recortas personal, si compras material barato o si obligas a una enfermera a atender al doble de pacientes de los que puede asumir, el resultado no es una pérdida económica: son vidas humanas, es sufrimiento y es el maltrato sistemático a los abuelos y enfermos más vulnerables.
No es justo que quien decide los turnos inhumanos de las enfermeras jamás haya pisado una planta de Urgencias a las tres de la mañana. No es justo que quien firma los contratos temporales por días o semanas tenga su sueldo blindado por ley y un horario de oficina de lunes a viernes. Un gestor que solo ve «números de cama» y «costes por paciente» nunca entenderá que un anciano desorientado necesita tiempo, paciencia y humanidad, cosas que no se pueden medir en una hoja de cálculo.
Cuando la sanidad se gestiona con mentalidad de negocio, el sistema expulsa el talento. Provoca que miles de médicos y enfermeras, formados con el esfuerzo de todos, tengan que huir al extranjero porque fuera sí se les valora. Mientras tanto, aquí abajo, los profesionales siguen sosteniendo el sistema a costa de su propia salud mental, tapando con su vocación los agujeros que deja la codicia y la incompetencia de los de arriba.
La salud es un derecho, no una mercancía. Y un hospital debe estar dirigido por personas que sepan de medicina, de cuidados y de dignidad, no por empresarios que solo saben de dinero.
Quien debe llevar un hospital?
Porque no contratan a más personal?
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Viene el agua, vestido de espuma a lamer la orilla de arena dorada, borrando los pasos, disipando de la bruma dejando la menta tranquila callada.
Tiene el mar un latido constante, un vaivén que rescata y que olvida, un abrazo profundo , gigante, que arrulla los ruidos del día
No pide respuestas, no exige caminos, solo ofrece su azul hortende , donde se pierden los hilos divinos y el sol se disuelve detrás de la Fuente.

Que el vaivén delas olas te traiga la calma.
Luna sitges

Es uno de los temas mas polémicos ahora mismo.
Hay gente que está a favor de la ocupación , de gente que tiene dos pisos, cuando tendría que ocupar el gobierno, por que en algunos casos uno trabaja y la mujer no , que pasa como todo está tan caro El gobierno algunos , les preguntan cuánto se van a duchar , o una fianza 600€ , y la juventud no puede volar con los precio. Inflaman los alquileres.
No podemos comer bien , comprar un piso, cuando ves los sueldos de los políticos que pueden especular en otros países, y como un cardenal puede o tiene La vergüenza de vivir en un ático, o ir contra la hoxmexualidad , cuando en sus filas hay , hasta pedofilos, cuando a la Sagrada Familia hay que pagar, cuando no se han Pronunciado en lo de vale cia, en las violaciones.
Desde la época de franco el estado y la iglesia van de la mano


Autor : Javier del castillo 1998 New York
El secuestro de una niña y laviolacion de una periodista.
La periodista
5 estrellas Porque es un tema a Gualterio todavía hoy, y hay poca violencia.
Es fácil de leer.
Luna Sitges
Antonio Orozco estoy leyendo tu libro y me siento identificada en muchas cosas , lo que nos diferencia, es que tú tienes herramientas y yo me las he tenido que hacer sola , porque mi familia no lo ha hecho , que me falta madurez y llamar nunca , navidad y sucesos. Y sino es por mi hija y gente de una red mi duelo no hubiera salido , mañana voy con el profesional y a ver , porque te visitan cada tres meses y lo que me ha perjudicado también las enfermedades auto inmunes , que a limitado físicamente y tengo una operación en curso . Duele que tu propia sangre te deje sola.

vacía
Soy una frecuencia que nadie sintoniza,
un idioma que se habla a media voz
en una habitación llena de gente.
Camino con los hombros tensos,
el cuerpo convertido en un centinela
que vigila un castillo de arena.
¿De qué me defiendo?
No lo sé, pero el peligro se respira en el aire.
Hay un hueco en el centro del pecho,
una taza de porcelana que se quedó sin café,
un espacio blanco donde debería haber un eco.
Me miro las manos y me pregunto
si los demás ven el mismo contorno que yo veo.
Porque paso los días entregando mis incendios,
pero el mundo me mira
como si fuera solo una chispa que se apaga,
como si no costara nada
dejarme desaparecer.


1. Sintonía cerebral (Literalmente)
Un estudio de la Universidad de Dartmouth descubrió que los amigos íntimos tienen patrones de actividad cerebral sumamente similares. Al ver los mismos videos, las áreas del cerebro relacionadas con la atención, el procesamiento de emociones y el razonamiento se activaban casi de la misma forma. Básicamente, los amigos perciben y reaccionan al mundo de manera idéntica.
2. El «Número de Dunbar» y tu límite de amigos
El antropólogo Robin Dunbar teorizó que los seres humanos solo tenemos capacidad cerebral para mantener relaciones sociales estables con un máximo de 150 personas. Pero si nos limitamos a los amigos verdaderamente cercanos (esos que te apoyan en una crisis), el cerebro solo da abasto para unos 5 amigos íntimos.
3. Los animales también tienen «Mejores Amigos»
La amistad no es exclusiva de los humanos. Se ha demostrado que los chimpancés, elefantes, caballos, delfines y hasta las vacas forman vínculos selectivos y duraderos con miembros que no son de su familia.
Dato curioso: Las vacas se estresan muchísimo (su ritmo cardíaco se eleva) si las separan de su «mejor amiga» en el rebaño.
4. Compartimos genes con nuestros amigos
Un estudio de la Universidad de California reveló que, genéticamente hablando, tendemos a elegir amigos que se parecen a nosotros. De hecho, con un amigo compartes tanto ADN como con un primo cuarto. Se cree que esto ocurre porque nos atraen las personas que tienen una sensibilidad similar a ciertos olores o entornos.
5. La amistad evolutiva: el «Llamado de Alerta»
Desde el punto de vista evolutivo, la amistad nació por pura supervivencia. En las tribus primitivas, un «amigo» era aquel que cuidaba de tu espalda mientras dormías o cazabas. Curiosamente, en el reino animal, los amigos son los que arriesgan su vida dando un grito de alerta cuando ven a un depredador, salvando al resto del grupo.
6. Menos dolor físico
Tener amigos aumenta la producción de endorfinas (las hormonas de la felicidad y el bienestar). Se ha comprobado que las personas con círculos sociales fuertes tienen una mayor tolerancia al dolor físico que aquellas que están más aisladas. Un abrazo de un amigo de verdad puede actuar como un analgésico natural.
