Hay días en los que me apoyo en la música, en la escritura o en mis cinco o seis amigas de siempre, pero hoy no hay manera. Tengo una neblina metida en la cabeza que me bloquea la creatividad, no me deja concentrarme y al final te deja una frustración encima insoportable.
Es que miro a mi alrededor y veo que manda la apatía. La gente solo piensa en lo suyo. Y no me extraña, con la clase política que tenemos ahogándonos a todos, siempre respaldada por la Iglesia, que encima se dedica a tapar lo que pasa de puertas para dentro. Se gastan recursos en ir a sitios como África a enseñar religión, pero de educación sexual o prevención de enfermedades, ni una palabra, porque según ellos «Dios quiere reproducción». Si la religión no evoluciona ni se pone al día es sencillamente porque no les sale a cuenta.
Y al final te sale de dentro hacerte la pregunta de fondo: ¿pero de verdad es el mismo Dios en todas partes? Y si lo es, ¿por qué cada uno lo interpreta como le da la gana según le conviene















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