Hay melodías que se quedan tatuadas en el alma, no por su ritmo, sino porque fueron el último puente. La última música que él escuchó antes de partir hacia las estrellas fue la voz de Francisco Céspedes, y desde entonces, el amor y el deseo tienen una nueva forma de doler y de brillar.
Despertar es hoy un acto de valentía. Es abrir los ojos en un mundo donde su risa se ha vuelto silencio, pero donde su música sigue vibrando en el aire. Las lágrimas que hoy salen de mis ojos no son solo tristeza; son el cauce por donde fluye todo lo que no pudimos decirnos, el rastro líquido de un deseo que se niega a apagarse porque todavía siente el calor de su presencia.
Extraño la seguridad de su mano, la complicidad de su mirada y esa forma tan suya de habitar mis días. Pero en cada nota de esa última canción, siento que me dejó un mapa para encontrarle.
Él eligió irse con esa belleza en los oídos, y yo elijo quedarme con esa belleza en el corazón. Porque aunque hoy su luz esté arriba, entre las estrellas, el amor que compartimos es la única fuerza que no conoce de ausencias ni de finales.
Te sigo buscando en cada amanecer, y te encuentro siempre en los acordes de nuestra última canción.

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