En épocas de contrastes, los colores que nacen en la ribera parecen llevar una tristeza antigua: unos brillan como un recuerdo que intenta quedarse, otros se apagan como las piedras que han visto demasiados inviernos.
La misión consiste en comprender lo que se ofrece en silencio, sin exigir nada.
R. pensó distinto, lejos de esos niños que buscan un rincón donde sentarse juntos, contarse historias y aprender, sin saberlo, el orden frágil del cariño.
Y alguna pareja, al pasar, dejaba ver su ternura allí donde les nacía, como un reflejo que se enciende un instante antes de desvanecerse.”


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