Dos días a full

l cuerpo pesa como si la tierra entera se hubiera mudado a mis huesos.

No es un cansancio cualquiera; es una marea densa,

un eco sordo que recorre las articulaciones

y me recuerda, sin tregua, que hoy la batalla se libra por dentro.

Es el fuego silencioso de la artritis,

una tormenta invisible que enciende las manos,

que frena los pasos y dobla el aliento,

convirtiendo el simple gesto de despertar

en un acto de resistencia pura.

Mis defensas, confundidas, han olvidado el enemigo

y han decidido sitiar mi propio refugio.

Pero aunque el malestar nuble estos días

y el dolor dicte una tregua obligatoria,

este cuerpo que hoy cruje y se cansa

es también el mapa de mi fuerza.

Hoy toca parar, escuchar el dolor y darle cobijo.

Mañana, cuando amaine la tormenta,

volveremos a caminar

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