El cursor parpadea en la pantalla como un faro diminuto que no ilumina nada. Hay días en los que la mente no busca producir ni construir; días en los que las palabras se repliegan y prefieren quedarse dentro, a salvo del ruido exterior.
El bloqueo no siempre es un muro que hay que derribar con fuerza. A veces es solo una invitación a bajar el ritmo, un aviso amable del cuerpo que pide espacio, silencio y pausa. Exigirse creatividad cuando lo que se necesita es descanso solo genera frustración.
Aceptar que hoy no hay nada que decir también es una forma de escribir. Mañana, o cuando tenga que ser, las ideas volverán a fluir con la naturalidad de la marea.
Y eso me frustra todos los días


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