“Otro niño maltratado. Otra guardería que se convierte en un lugar donde la vulnerabilidad se traiciona. Y mientras tanto, seguimos viendo cómo las vías no se revisan, cómo las piezas no se cambian, cómo se parchea lo que debería cuidarse con rigor absoluto. Y encima, policías entregando chalecos como si eso fuera un gesto heroico, cuando lo que falta es un sistema que funcione, que proteja, que no se caiga a pedazos. Lo insoportable es esta cadena de negligencias que se repite una y otra vez, como si la vida de la gente fuera un detalle menor. Y sí, hay responsables políticos. No se gobierna solo para inaugurar obras o dar discursos: se gobierna para que estas cosas NO pasen. Cuando todo falla al mismo tiempo, cuando cada grieta apunta a la misma falta de seriedad, de control, de responsabilidad, la rabia es inevitable. Es la rabia de ver que quienes deberían garantizar seguridad y dignidad permiten que el país funcione a base de improvisación y abandono. No es un error aislado. Es un patrón. Y ese patrón indigna, quema y cansa
Estoy orgullosa de mi manera de ser hoy más que nunca , porque dejé huella en la madre de una amiga que su Alzheimer se acordaba del día que nos encontramos en el mercado y me dijo a ver si enseñas a comparar a mi hija. Y durante su enfermedad me nombraba y mi amiga me lo contaba y el corazón parecía más fuerte que antes.
Había una mariquita 🐞 llamada Nara que tenía una rareza preciosa, cada vez que veía un amanecer, una diminuta chispa de luz se le quedaba atrapada en los puntitos negros de la espalda.
No era magia o quizá si , pero nadie sabía explicarlo. Las demás mariquitas 🐞 la miraban con curiosidad, y le preguntaban para que quieres tantos amaneceres . Nara respondía que no la sabía que en su familia era una tradición. Un día en el bosque amaneció triste. Las hojas parecían que se iban a caer todas, los caracoles 🐌 iban más lentos de lo normal, en el nido de hormigas 🐜 discutían por las migas que habían recogido cada una , no brillaba ni la luna Nara sacó todos los amaneceres que había guardado y todo volvió a la normalidad.
Diana empezó revisando rieles. No era un trabajo oficial ni un encargo de nadie. Era simplemente algo que hacía porque sabía que, si ella no miraba, nadie lo haría. Caminaba al amanecer junto a las vías, tocaba el metal frío, escuchaba el crujido que otros confundían con silencio. Los rieles le hablaban. Le contaban dónde dolía, dónde una unión estaba cansada, dónde el tiempo había dejado una grieta que nadie quería ver.
Una mañana, mientras revisaba el estado de los rieles, sintió una vibración distinta. No era el paso de un tren, sino dos. Venían en direcciones opuestas, confiados, ciegos, seguros de que el camino se corregiría solo. Diana levantó la mano, gritó, señaló el peligro. Pero los trenes no escuchan a quienes revisan. Ellos solo avanzan.
Los rieles, en cambio, sí la escuchaban. Se tensaron, intentaron frenar lo inevitable, quisieron hacer bien su trabajo. Pero no siempre basta con querer. El choque fue inevitable, no por falta de señales, sino por exceso de indiferencia. Diana lloró por los pasajeros, por los rieles que habían hecho todo lo posible, por los gobiernos que nunca llegan a tiempo.
Con los aviones fue distinto, pero igual.
Años después, Diana empezó a revisar rutas aéreas. No desde una torre de control, sino desde esa intuición que se afina cuando una ha visto demasiados choques evitables. Observaba mapas de vuelo, trayectorias, informes que otros firmaban sin leer. El cielo también tiene rieles invisibles, líneas que se cruzan, puntos donde el aire se estrecha sin que nadie lo admita.
Una tarde, mientras revisaba documentos, sintió el mismo temblor que conocía de la tierra. Dos aviones venían en rutas que no debían tocarse. Ella avisó, insistió, marcó el error con la misma claridad con la que antes había señalado una grieta en el metal. Pero los aviones, como los trenes, confían demasiado en su velocidad. Y los gobiernos, como siempre, estaban ocupados en sus propias turbulencias.
El choque no ocurrió. No porque la escucharan, sino porque el cielo, cansado, abrió un hueco improbable, un respiro que nadie vio. Diana lo sintió como un milagro triste: incluso cuando todo se salva, algo se quiebra por dentro.
Desde entonces, sigue revisando. Rieles, rutas, señales, silencios. No porque espere reconocimiento, ni porque crea que la escucharán. Lo hace porque alguien tiene que mirar lo que los demás pasan por alto. Alguien tiene que ver venir el temblor antes de que sea ruido.
Ella revisa. Y el mundo, aunque no lo admita, respira gracias a eso.
Creo que hoy en día ya no hay ilusiones que solo las tenemos en los sueños, lo que tenemos solo son esperanzas de sobrevivir a este mundo de caos, yo recuerdo tener ilusiones reales pero con el tiempo se han ido desvaneciendo, y se ha llevado mi sonrisa . Ya no recuerdo mi sonrisa hace años. Pero se fue que yo recuerde con la muerte de mi madre y mi marido. Y mi cuerpo está débil, algunas relaciones han cambiado tanto que el alma ya está cansada y el cuerpo no responde, también a influido la avaricia de los políticos.
Había un lugar, en algún rincón del sueño, donde la vida no dolía. No era un paraíso ni una fantasía brillante. Era algo más sencillo, más humano: un espacio donde el aire no pesaba y la sonrisa volvía sin pedir permiso.
Allí podía elegir sin miedo. Las cosas se dejaban tomar, como si supieran que no venían a llenar un vacío, sino a acompañar una alegría que despertaba despacio, como una flor que abre un solo pétalo para comprobar si el sol sigue ahí.
En ese mundo suave, la felicidad no era un estallido. Era una respiración. Una forma de estar. Una luz pequeña que se posaba en los hombros y decía: “Descansa. Aquí no hay prisa.”
Y mientras caminaba por ese aire limpio, entendí algo sin palabras: la magia no se había ido. Solo estaba esperando a que cerrara los ojos para recordarme que todavía sé sonreír, que todavía sé elegir, que todavía sé respirar un mundo donde nada duele
Nadie se ha planteado dudas de las ayudas que se dan a África, Afganistán,Iran , isarael. Yo al ver el reportaje en Africa, la vida cotidiana , las mujeres se les obliga a casar jóvenes que tienen más de una mujer. Son lugar o región ,todo parece que es uniforme: conviven profundamente patriarcales con movimientos muy fuertes de mujeres queestan trasformando comunidades.
Turkna
Matrimonios forzosos, mutilaciones a las mujeres
Hay violencia machista donde se dice que no puede generalizar
Tradiciones
Pobreza, falta de educación
Política de igualdad
Viendo el reportaje y buscando información he llegado a la conclusion, que la mitadvde los cosas que encontroado te hacen dar cuenta que las ayudas no sirven de nada porque las manejan los mandatarios como les da la gana, y quien las necesitan sus países no les llega, que mes hace más fuertes a los mandatarios de estos países, y no les deja conocer la libertad ni la educación. Entonces de que sirve las ayudas solo para ser más poderosen sus países y negociar con gente que les interesa políticamente y lo mismo pasa en Afganistán , Iran y Marruecos.
Y así nos estamos quedando España queda nosotros no nos ayuda nadie, y el gobierno se queda todas las ayudas.
🐾 La historia de un bóxer que solo necesitaba amor
Nació para ser maltratado. Con apenas ocho meses ya conocía el miedo, los golpes y el abandono. Cuando llegó a mis manos, era un cuerpo grande con un alma encogida. No confiaba en nadie. No sabía lo que era una caricia. No sabía que la vida podía ser otra cosa.
Pero poco a poco, con paciencia y respeto, empezó a abrirse. Aprendió que una mano también puede dar calor. Que una voz suave puede calmar. Que un hogar puede ser un refugio.
Y entonces ocurrió algo que nunca olvidaré: se convirtió en el enfermero de mi marido. Lo acompañó en sus días difíciles, se tumbaba a su lado, vigilaba su respiración, le daba una razón para levantarse. Fue lealtad pura, sin pedir nada a cambio.
Hoy, con 12 años —una edad que casi ningún bóxer alcanza— su cuerpo ya está cansado. Apenas come, le faltan fuerzas, y los quistes le recuerdan que el tiempo no perdona. Pero su historia merece ser contada.
Porque él es la prueba de que ningún animal nace malo. Lo que los rompe es el maltrato. Lo que los salva es el amor.
Si alguna vez dudas de si un perro maltratado puede cambiar, míralo a él: un perro que llegó roto y terminó sanando a una familia entera.
No hay excusa para el maltrato. Nunca. Ellos sienten, recuerdan, aman y sufren. Y cuando se les da una oportunidad, devuelven más de lo que recibieron
Gafes para mi el año próximo no hay Navidades, estos últimos años siempre me han pasado cosa malas, y heridas muy profundas, las navidades son para las más pequeños
hoy después de casi 40 años que ya no están mis padres, le he explicado a mis hermanos lo que me pasó con nueve años y para que entiendan porque soy un poco más sensible quizás de lo normal y era una cosa que tenía que sacarme para poder sanar mentalmente. No se lo había contado ni a mis mejores amigas ni a mis padres y es otra cosa que que he hecho lo malo de todo esto es que el lunes tengo que llevar a mi boxer a que fue y ha sido enfermero de mi marido que ya no está sacrificar. La lucha diaria con mi hijo el mayor porque chocamos mucho me tienen que operar que nos celebran gravedad pero bueno hay que operar y estoy haciendo el proceso de duelo y están saliendo muchas cosas en tren y es lo que me pasó con nueve años, con 18 años una persona mientras yo iba por la calle que no conocía a nadie si quería ser su novia que mañana estuviese aquí, que no sé qué no sé cuántos pues tuve una semana sin pasar por ahí escondiéndome y al final pues ya se quedó ahí pero tampoco dicen nada en casa soy Luna la propietaria de este blog y que compartes historias con mucha gente muy bonitas de comidas de países de pensamientos, bonitos y de cosas bonitas que gracias a todos por escribir en mi blog y un abrazo a todos
Me pregunto por la seguridad en los hospitales. ¿Quién protege al personal sanitario cuando la violencia entra por la puerta? ¿Debería haber más seguridad? Porque la que hay, muchas veces, no puede hacer nada.
Le han roto la mandíbula a una doctora. Han amenazado a una enfermera —la agresora, no la víctima—. Y a otra la han agredido mientras llevaba el uniforme. ¿Qué más tiene que pasar para que se reconozca que los hospitales no son solo lugares de salud, sino también espacios de riesgo?
No se trata de convertirlos en fortalezas, pero sí de asumir que el personal médico no puede seguir trabajando con miedo. Porque si quienes nos cuidan no están protegidos, ¿qué clase de sistema estamos sosteniendo
Mientras tanto, una parte del periodismo llena horas con noticias sin comprobar, con debates inflados, con polémicas creadas para subir audiencia. Se habla del último romance, de la última bronca, de cualquier cosa que distraiga. Y cuando se toca un tema serio, muchas veces se hace desde posiciones extremas o desde una praxis que convierte la información en espectáculo. Algunas figuras mediáticas se han hecho conocidas precisamente por eso: por convertir la opinión en dogma, por exagerar, por dividir, por usar causas legítimas como munición televisiva.
Y así, lo urgente queda enterrado bajo lo superficial.
Hay jóvenes que no pueden irse de casa porque los precios los expulsan. Hay quienes estudian, trabajan, y aun así no ven futuro. Y hay quienes, sin nada, se lanzan a la calle, a veces a delinquir, a veces simplemente a sobrevivir. No es que la violencia haya nacido ahora. Es que ahora se ve. Y lo que se ve, ya no se puede negar