Andalucía y Extremadura

Con las lluvias de Extremadura y Andalucía, la tierra respira hondo y se despierta. Cada gota cae como si recordara a estas regiones que aún guardan un pulso antiguo, fértil, capaz de renacer incluso después de las sequías más largas.

Las lluvias limpian los caminos, avivan los ríos, devuelven brillo a los olivares y a las dehesas. En los pueblos, el olor a tierra mojada se mezcla con la esperanza: la certeza de que lo que parecía dormido vuelve a latir. El campo se estira, bebe, agradece. Los cielos se abren como si bendijeran cada raíz.

Y en ese renacer, también renace la gente. Porque cuando llueve en Extremadura y Andalucía, no solo se empapa la tierra: se empapa la memoria, la paciencia, la fuerza de quienes han aprendido a esperar sin rendirse. La lluvia cae como un aplauso silencioso, como un apoyo que no hace ruido pero sostiene.

Así, gota a gota, estas tierras se levantan.
Así, gota a gota, vuelven a ser luz

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