
El Refugio de la Ausencia
Se me ha dormido la risa en los labios,
y la ilusión es un faro apagado;
el teléfono duerme un sueño callado,
mientras los días se vuelven agravios.
Busco a mi hijo en un eco perdido,
grito sin voz en su terca distancia,
mientras el mundo, con gran arrogancia,
empuja con fuerza a un pecho herido.
Los viejos se marchan, la luz se disuelve,
se van los puntales que ayer sostenían;
no quedan miradas que entiendan la mía,
y el frío de fuera mi alma envuelve.
Ya nada pretendo, ya nada yo espero,
con mi hija el puente se vuelve de arena;
en este desierto cargado de pena,
el labio se cierra, no soy el primero.
Y así, poco a poco, con calma y desvelo,
me abrazo al silencio que todo lo cura,
vistiendo de sombras mi triste amargura,
buscando en la nada un trozo de cielo
Lunasitges


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