Poesía de mi alma

El Refugio de la Ausencia

Se me ha dormido la risa en los labios,

y la ilusión es un faro apagado;

el teléfono duerme un sueño callado,

mientras los días se vuelven agravios.

Busco a mi hijo en un eco perdido,

grito sin voz en su terca distancia,

mientras el mundo, con gran arrogancia,

empuja con fuerza a un pecho herido.

Los viejos se marchan, la luz se disuelve,

se van los puntales que ayer sostenían;

no quedan miradas que entiendan la mía,

y el frío de fuera mi alma envuelve.

Ya nada pretendo, ya nada yo espero,

con mi hija el puente se vuelve de arena;

en este desierto cargado de pena,

el labio se cierra, no soy el primero.

Y así, poco a poco, con calma y desvelo,

me abrazo al silencio que todo lo cura,

vistiendo de sombras mi triste amargura,

buscando en la nada un trozo de cielo

Lunasitges

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